Anoche, mientras esperaba tu mensaje, pensaba las ventajas de que fueras un dulce, sí, como de algodón de azúcar.

Entonces, cada vez que te diga adiós o hasta pronto, puedo saber que guardo pedazos tuyos en mi cajón donde conservo recuerdos de cuando era niño.

Y solo así, cuando te extrañe, pueda abrir la gaveta y nutrirme de trocitos de ti con la yema de mis dedos como si fueras palomita de maíz.

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A la mujer sin nombre le tengo preparado un ejército de sonrisas y castillos de abrazos alineados en fila india a las 8:30 de la mañana.

Tengo anotado las historias de colores y sabores que probé antes de la primera foto que mis futuros ojos capturarán al conocerla.

En un par de días le puedo juntar todas las canciones que dediqué sin saber quién era; las vamos a escuchar contándole qué personajes somos en cada una de ellas.

De entre su mano y la mía florecerá vida que cultivaremos juntos entre crayones arcoiris y capas de superhéroes todos los días.

Me estoy entrenando para darte mi mejor abrazo. Te espero mujer sin nombre, te espero aunque te tome una vida de retraso.

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